El día o la noche en la que el olvido se rompa.
Los recuerdos volverán.
No creo en la falsa amnesia de los desesperados.
Sí estamos juntos, todo se relentiza.
En este Trigrama V - Rostro I - Olvido, abandonamos la contemplación estética para retratar la agonía de la desposesión.
Las imágenes capturan la vibración de un rostro que intenta ser retenido por una mente que se apaga. No asistimos a un olvido pasivo, sino a la pérdida de la capacidad de concentrar el espíritu lo suficiente para registrar al otro. El sujeto mira, pero los mecanismos de su percepción ya no logran organizar la búsqueda en una memoria que se ha vuelto laberinto. Al perder el acceso al núcleo del recuerdo, la mente comienza a rellenar los vacíos, mezclando vestigios reales con alucinaciones previas. El resultado es la construcción de una «falsa memoria»: una identidad fabricada que, para quien la padece, es la única verdad habitable.
Esta serie es un mapa del miedo continuo; la representación visual de ese instante en que la frontera entre lo vivido y lo proyectado se rompe. Sin embargo, surge una paradoja: «si estamos juntos, todo se ralentiza». Es la resistencia final del vínculo; el descubrimiento de que la presencia física del otro es el único anclaje capaz de dilatar el tiempo y frenar, aunque sea un instante, la luz que se escapa.