La Sociedad Errante es un contragolpe necesario. En un mundo comercializado, errar es la recuperación del tiempo propio. Las imágenes capturan ese instante donde el objeto desaparece y solo queda la vibración del espacio recorrido.
Al afirmar que "salir era en realidad entrar", reconocemos que el entorno urbano es un espejo de nuestra propia psique. El desenfoque y el movimiento no son errores técnicos, sino la verdad de una mirada que no se detiene a juzgar, sino a sentir.
Estas piezas evitan el éxito fácil para buscar el "secreto". Cada toma es una gimnasia mental, un paso más en la preparación espiritual del fotógrafo errante.
No se trata de forzar la imagen. Las capturas reflejan ese estado de gracia donde el peso visual se equilibra solo a través del movimiento, sin la rigidez de la línea recta.
Eliminar lo innecesario. En estas piezas, la realidad se ha despojado de su forma utilitaria para convertirse en pura energía cromática y ritmo errante.